Experto GS
Dr. Luis Rojas Marcos:
“La felicidad siempre ha sido más difícil para las mujeres”
-Luis Rojas Marcos es sevillano pero recién licenciado en Medicina por la Universidad de Sevilla se fue a Nueva York donde reside desde 1968.
-Se especializo en Psiquiatría y en 1991 fue nombrado Director de los Servicios Psiquiátricos de la red de hospitales públicos de la ciudad.
-A lo largo de su carrera ha obtenido distintos premios que reconoven su valía pero también destaca por sus numerosos obras como Es autor de numerosos artículos de opinión y de varios libros, entre los que destacan ‘La ciudad y sus desafíos’, ‘La pareja rota’, ‘Las semillas de la violencia’ (Premio Espasa Ensayo 1995), ‘Nuestra felicidad’, ‘Más allá del 11 de septiembre’, ‘La fuerza del optimismo’ , ‘La autoestima’ y ‘Convivir’.
-Gran amante de footing lleva 17 años corriendo la maratón de Nueva York.
Según el Dr. Luis Rojas Marcos la mejor fuente de felicidad pasa por dedicar parte de nuestro tiempo y amor a los demás: “Las relaciones generosas constituyen la fuente más rica de satisfacción con la vida. Los momentos dichosos que compartimos nos hacen olvidar la tristeza. Ser solidarios está en nuestros genes. Aunque se diga que el hombre es un lobo para el hombre, no hay ningún grupo social que pueda sobrevivir sin el sacrificio de unos individuos por otros. También hay que diversificar. Debemos desempeñar más de un papel en esta vida para apoyarnos en otro cuando el primero se estropea. Como los inversores, conviene no cargar todos los huevos en el mismo cesto. No intento pintar el mundo de color de rosa de rosa, pero en general la vida ha mejorado. Del 0 al 10, ¿cuál es su nivel de satisfacción con la vida? Quién tenga un cinco o más que levante la mano” -pregunta Rojas Marcos-. Nos cuesta menos quejarnos que hablar de lo bien que nos va”, concluye.
-En su libro Nuestra felicidad (Ed. Espasa Calpe), postula que la felicidad es posible.
-Sí, la felicidad es posible en tanto que grado de autosatisfacción. Pero requiere trabajar sobre uno mismo a fin de alcanzar ese estado placentero que se cifra más en la paz de espíritu que en la exaltación sentimental, que es normalmente lo que se entiende por felicidad. En la elaboración de nuestro particular sentido de la felicidad influyen experiencias de la vida que nos marcan, ilusiones y miedos que alimentamos, los recursos a nuestro alcance, nuestra salud física y mental, el estado de las relaciones con los demás, la personalidad, el equipaje genético, el temperamento, la constitución física o el grado de vitalidad que traemos al mundo. Todos venimos con una cierta predisposición a ser felices y nuestro nivel de satisfacción se mantiene relativamente a lo largo de la vida.
La felicidad es posible, pero requiere trabajar sobre uno mismo a fin de alcanzar ese estado placentero que se cifra más en la paz de espíritu que en la exaltación sentimental.
-Pero el concepto de felicidad no es el mismo en todas las culturas…
-Cierto. Como también cambia con el tiempo. Es más, su significado puede ser distinto incluso entre las personas de una misma cultura o sociedad. Hasta es distinta en cada persona en función de su edad y circunstancias. Porque la idea de dicha no puede ser la misma a los siete años que a los catorce, a los cuarenta que a los ochenta. En definitiva, la felicidad es, esencialmente, algo subjetivo.
-¿Cómo vivir una vejez feliz?
- Para que la vejez no se convierta en una caricatura de nuestra vida pasada se trata de continuar fijándonos metas que den significado a nuestra existencia, esto es, dedicarnos a personas, grupos o causas; sumergirnos en el trabajo social, político… desear pasiones lo suficientemente intensas que nos impidan cerrarnos en nosotros mismos… apreciar la vida de los demás a través del amor, de la amistad, de la compasión … Y vivir una vida de entrega y de proyectos de forma que podamos mantenernos activos en un camino con significado incluso cuando todas las ilusiones hayan desaparecido y nuestro fervor por vivir se haya marchitado. Ser solidario está en nuestros genes. No hay ningún grupos social que pueda sobrevivir sin el sacrificio de unos individuos por otras.
Ser solidario está en nuestros genes.
-¿Le damos demasiada importancia al aspecto externo?
-Se le da mucha importancia porque detrás de esta tendencia se esconde toda una industria de la belleza que es multibillonaria. La indústria de la apariencia se nutre de todo ello y allí entra desde la cirugía estética, las dietas, los gimnasios, etc. Todo está enfocado a mantener el cuerpo bajo una apariencia joven y, en el caso de la mujer, además de joven, también delgada. El peso constituye una ficción, sobre todo en las mujeres jóvenes. En determinados casos como se sabe se desarrollan por ello problemas gravísimos como la anorexia y otros trastornos de la alimentación.
-La mujer está liberada en ciertos aspectos, no obstante sigue prisionera de esta imagen de delgadez y juventud que la obligan a luchar contra sí misma.
-Es así exactamente. Hace más de 50 años se descubrió la píldora anticonceptiva, la primera medicina de la calidad de vida dirigida a controlar la reproducción y no a curar enfermedades. Esto coincidió con el movimiento feminista de los años 60 y 70. Ambos factores unidos movieron a la mujer a luchar por conseguir una igualdad de oportunidades con el hombre. En Estados Unidos y en Europa se produjo la liberación de la mujer, pero efectivamente, este movimiento contrasta con el hecho de que, a medida que la mujer adquiría más posición social y mayor poder adquisitivo, se ponía más énfasis en su aspecto físico. Tener una apariencia juvenil, delgada y erótica se ha convertido para la mujer en una obsesión y el hombre utiliza a la mujer con estas características como un valor. El hombre que se pasea con una mujer que responde a este modelo es un hombre que aumenta su autoestima. Se ha convertido en una especie de moneda de cambio. Ahí está claro que existe una incongruencia.
Tener una apariencia juvenil, delgada y erótica se ha convertido para la mujer en una obsesión y el hombre utiliza a la mujer con estas características como un valor.
-En nuestra sociedad también está de moda el voluntariado. ¿Responde a una moda o se trata de algo más?
-No, no es una moda. Ser solidario es una cuestión genética. Ser solidario está en nuestros genes. La solidaridad, la bondad es una cualidad biológica: no hay ningún grupo social animal o humano que pueda sobrevivir sin que algunos de sus miembros se sacrifiquen por los otros. La solidaridad es un ingrediente básico de nuestro instinto de conservación. Para que una sociedad pueda conservarse tiene que existir la solidaridad. Sin que las madres se sacrifiquen por sus hijos o haya unos que protejan a los otros, el grupo muere y desaparece. Lo que ocurre es que nos llama la atención esta tendencia, porque se cree que el hombre es malo por naturaleza. Se repite que el hombre es un lobo para el hombre y prácticamente todas las religiones están basadas precisamente en esta creencia. Sin embargo, la realidad es que la bondad es algo natural y biológico.
-¿Pero no es cierto que cada día hay más gente que acude al psicólogo?
-Nuestros dilemas son cada día más complejos. Hoy en día ser madre o ser padre es más complicado que hace cincuenta años. Hoy en día la madre o el padre se hace preguntas más complejas. Hay más opciones y todo son dilemas positivos, pero que implican un conocimiento. Se quiere ir al fondo de los problemas y se busca consejo en especialistas. No hace mucho tiempo las angustias se curaban con los amigos, pero ahora se requiere un tratamiento más especializado. Es útil ir en busca de un profesional que entiende de esos temas y buscar un consejo bien intencionado. No es que estemos más enfermos, pero la vida es más complicada y necesitamos especialistas en estas cuestiones de amor y de educación. Antiguamente se iba al confesor, al amigo, al familiar o al vecino. Hoy tenemos más conciencia que necesitamos un especialista.
Los principales enemigos de la felicidad son los miedos, el odio y la envidia.
-Luego, la actitud con que se afronta la vida es básica…
-Sí. Es más, nuestro humor es el árbitro de nuestro grado de satisfacción ya que modula nuestra visión positiva o negativa del mundo. Por eso es tan cierto que la felicidad se evapora a menudo en el espacio entre lo que tenemos y lo que queremos -o pensamos que nos merecemos-, entre lo que poseemos y lo que poseen nuestros vecinos. Además, hay que distinguir entre felicidad y placer porque no son sinónimos aunque se confundan. El placer tiene que ver con el cuerpo y la felicidad con la psique.
-Y, según los datos que usted maneja, ¿quiénes son más felices: los hombres o las mujeres?
-La felicidad ha sido históricamente más difícil para las mujeres porque han estado casi siempre sojuzgadas. Algo que, lamentablemente, sigue sucediendo en la mayor parte del mundo. Afortunadamente, bastantes mujeres han aprendido a compensar su situación de desventaja social buscando gratificaciones a través de sus cualidades vitalistas y humanizantes naturales como es la capacidad única que tienen para vincularse al proceso diario de sustentación de la vida, su particular habilidad para resolver conflictos sin violencia o su aptitud para situar el bienestar tangible propio y de sus seres queridos por encima de conceptos abstractos. Recordemos que la clave de la felicidad está en pensar en positivo, mantener un buen vínculo con los demás (familia y amigos) y saber disfrutar de los placeres de la vida de forma sensata y sin excesos. Además, hay que aprender a proponerse metas alcanzables, ser optimistas, valorarse, aferrarse más al futuro que al pasado, disfrutar del entorno y actuar en conciencia.
-¿Y cuáles son los principales enemigos de la felicidad?
-Los miedos, el odio y la envidia.




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